Obsession
Estreno
Dirigida por Curry Baker, Obsession (Obsesión, 2026) se posiciona junto a Backrooms como dos de las películas de terror más populares en lo que va del año. Protagonizada por Inde Navarrette, Michael Johnston, Cooper Tomlinson y Megan Lawless.
Bear está enamorado de su amiga Nikki; en vez de elegir la opción normal (que sería invitarla a salir), decide comprar una especie de gualicho vintage que concede deseos. Como era esperable para todos (salvo para el protagonista), desear que Nikki lo ame —más que a nadie en el mundo— no sale nada bien.
Esta nota contiene spoilers.
En primer lugar, en los aspectos técnicos, la película logra resultados excepcionales con recursos convencionales; entre ellos, el manejo del color, la luz y la sombra. Además, las locaciones acompañan en mayor o menor medida la psicología de los personajes. La casa de Bear es perturbadora mucho antes de que el terror comience. Se trata de un espacio oscuro, que denota encierro, propio de lo que (comenzada la acción) aún no sabemos sobre él.
Por otro lado, la ambientación sonora también llamó mi atención. El uso de melodías que imperceptiblemente se van deformando hasta volverse inquietantes, los silencios largos e incómodos. Los elementos sonoros construyen un clima que te hace acomodarte en el asiento múltiples veces.
Para los que hayan leído (o visto) alguna reseña de Obsession, no será una sorpresa que les vaya a hablar de que esto se trata de una fantasía incel1. Les dejo en este link una nota que se explaya elocuentemente al respecto. En lo que quiero profundizar es en un factor determinante para el personaje de Bear: su falta de humanidad. Al comienzo parece un chico enamorado, un poco torpe, que compra un artefacto que claramente no va a funcionar (desde su punto de vista). Él desea, como tantos, que lo quieran. Hasta ahí, solo podría recomendarle a Bear que no intente engualichar a sus amigos; aunque uno no crea en nada, es feo andar haciéndole brujerías a los demás. El problema es que cuando lo que Bear desea “funciona” y Nikki parece enamorarse de él, aparecen múltiples señales de que se está aprovechando de ella y que lo que ocurre no es normal. Inclusive su grupo de amigos le llama la atención, pero Bear es capaz de pasar por encima del bienestar y la voluntad de quien sea. No sé qué decirles más que lo obvio: si no hubiera fuerzas sobrenaturales en la película, se trataría de un documental sobre la vida de las mujeres. En ese sentido, Baker explora una fantasía oscurísima de una parte de la población masculina: la pérdida de agencia de nuestros cuerpos y emociones para sublevarnos a sus deseos y carencias.
En términos actorales, la que se lleva todos los aplausos es Inde Navarrette (Nikki), que no solo interpreta a dos personajes a la vez (la versión obsesionada con Bear y la Nikki real), sino que tiene que alternar de manera constante entre el dolor del trauma psicofísico y la euforia del falso enamoramiento.
Por último, sé que hay miramientos con el desenlace. Viendo el tono general de la película, era más que obvio que no se podía tratar de un final donde terminan todos felices y contentos. Entiendo que muchas de las críticas que surgen tienen que ver con que quizás el terror no es el género para tratar este tipo de temas. En la nota que les compartí en el comienzo, la autora nombra a Don’t Worry Darling (2022) como ejemplo de otra fantasía incel, en ese caso escrita y dirigida por una mujer. Lamento decirles que ambas películas terminan igual. La ficción resulta un tanto limitada para resolver nuestros problemas; es más que nada el instrumento con el que los plasmamos.
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Incel, o íncel, es un acrónimo de la expresión inglesa involuntary celibate (‘celibato involuntario’). En sus orígenes, el término fue acuñado por una mujer canadiense en 1997 que creó el Proyecto de “Célibe Involuntario” como una fuente de consuelo y apoyo para personas que experimentaban soledad, falta de reconocimiento y apoyo social […] Sin embargo, luego de su creación, el ecosistema incel fue manifestándose en comunidades virtuales, integradas en su mayoría por varones, que fueron desarrollando una cultura propia. A través de los foros, los incels fueron in crescendo en expresiones de misoginia, hostilidad, apología de la violencia hacia las mujeres y personas LGBTIQ+, deshumanizándolas y responsabilizándolas por su falta de interacciones sexo-afectivas, llegando incluso a promover o realizar actos de violencia extrema. (Fuente: GenEx - UBA).



